Del bulo al bolo

Leo que se está barajando el posible uso de la nicotina contra el COVID-19. No es un estudio concluyente, sino un informe, pero inmediatamente la TV considera oportuno comentarlo.

La TV se limita a leer el periódico como los periódicos (no todos, sí muchos) se limitan a buscar en Internet. No es algo nuevo, pero la noticia está ahora confinada en un universo en el que lo privado es público y lo grande y lo pequeño son la misma cosa. La realidad es hoy como una una novela de Faulkner.

Lo previsible es que la gente, abandonada por el universo, se ponga a fumar, lo cual (se mire como se mire) es preferible a que siga los consejos del presidente de América de Arriba, al que, por suerte, en Magaz de Abajo tenemos por tonto y medio.

Recuerdo una película, «Grabbers» (Jon Wright, 2012) en la que a los marcianos devoradores de humanos e invasores de Irlanda no les gustaba el sabor de los borrachos. Se pueden imaginar el resto. La idea, por cierto, no es nueva; recuerdo haber visto un argumento parecido en cierto telefílme de los setenta, puede que en un episodio de alguna de esas series tipo «Más allá del límite». Si mi lector o lectora (o quién sea la persona que deja de cuando en cuando un mensaje) puede ayudarme a recordar se lo agradeceré.

Naturalmente, fumar le hace al coronavirus el mismo efecto que beber vino a una herida de bala. Ni fumar es administrarse un tratamiento de nicotina, ni beber vino desinfecta. Pero, claro, sería fantástico, y a todos/as nos gustaría que nuestra debilidad, la que fuese, se revelase de pronto bálsamo de Fierabrás y no sólo curase nuestros males hasta salvarnos de una muerte segura sino que haría que cuantos nos rodean alabasen nuestra visión de futuro una vez derrotado el enemigo común. Son bulos, naturalmente; pero son bulos como bolos alimenticios, ficción nutritiva, cómplice.

Ver la tele acostado en el sofá y comiendo galletas fortalece el sistema inmunitario. Casi todo lo que no sea delito es susceptible de convertirse, estos días, en mágica medicina.

De igual manera, algunos representantes políticos parecen fantasear con la idea de que es posible evitar el contagio siendo de derechas, oponiéndose a la lucha contra el cambio climático y al feminismo, bajando impuestos a los ricos o poniendo banderas a media hasta. Una idea que se acompaña de la pretensión de que la libertad de expresión otorga el derecho a divulgar falsas informaciones. La opinión es libre, como la crítica o la fantasía; pero la información sólo puede ser fidedigna, lo cual no significa «creíble», ni «bienintencionada», sino verdaderamente contrastada. Ustedes verán: yo, si tuviera que apostar por una idiotez entre tantas, prefiero beber y fumar y, más todavía, dormir.

Dormir inmuniza.

A ningún confinado se le puede privar de sus sueños, ya se sabe. Pero tengan cuidado, por que cuando la situación nos supera la mente juega malas pasadas. Sin ir más lejos, esta noche soñé (como suelo) un sueño despiporrante que, de repente, fue interrumpido por seis minutos de anuncios, dos canciones de cantautores comprometidos, once mensajes infantiles de ánimo y una oda de poeta emergente titulada «Cuando todo esto pase» a la que siguieron otros seis minutos de anuncios. Interpreto que sufro de un exceso de privacidad que podría acabar por darme problemas.

Cuando la situación nos supera nos agarramos a cualquier esperanza, como el coala al venenoso eucalipto, el votante a su candidato, el creyente a su fe, el borracho a la botella, el poeta a su inmortalidad, el periodista a un clavo ardiendo, el pirata al cofre, el iluminado a la barbarie o la banca al rescate. Por eso necesitamos profesionales que se equivoquen con la cabeza fría. Necesitamos que nuestro error sea científico.

Hay que dejar las galochas en la puerta, y barrer para afuera, no como otos.

Aquí es donde, intentando darle a este disparate con ínfulas de comentario un giro positivo huelo el fracaso, empieza a dolerme la cabeza y siento la sombra de la censura y el aliento encendido de los que barren hacia adentro en cualquier circunstancia. Menos mal que cuando todo esto acabe los poetas van a ponerse a hacer bolos de nuevo y a salvarnos y tal.

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