La miel que se nos dio

Ocurren cosas horribles y escuchamos a los políticos, inmediatamente, opinar. Y sin embargo Werty no dice nada últimamente. Servidor cree que a Werty (es que se le ha ido un dedo en el teclado, perdón, y el resultado le ha hecho gracia) le han prohibido hacer declaraciones hasta que pase el chaparrón del 29, por lo menos. En ese tiempo el mundo ha avanzado lo suficiente como para que una chica que se dedica a tirarse chocolate caliente por el canalillo haya declarado que se puede ser striper y tener mucha clase, Tonino Guerra haya muerto, un colegio, otro, se haya visto obligado a cerrar en Jaén, un terrorista haya matado a siete personas en Touluse, un juez no vea delito de maltrato animal en tirar a un perro a un pozo de 30 metros de profundidad o el obispo de Cádiz pida restaurar la «tradición del diezmo». No todo tiene significado, ni importancia, pero todo se narra casi simultáneamente, y casi al mismo nivel que los insultos del futbolista a su árbitro o que el feo culo que cierta presentadora le ha mostrado a su concursante. Ah! Sí, también ha habido un listillo que ha dicho que el «movimiento de los indignados ha servido para despertar conciencias, pero no ha ofrecido salidas”; hay que tener cuajo.

Cuanto menos discurso posee alguien más imagen reclama y, al final, la única forma de conseguir plano es haciendo alguna burrada grande en la seguridad de que enseñar el culo (a lo Milá o a lo Monty) puede competir con siete muertos. En cada caso los políticos tendrán una opinión entre «es una locura» y «se trata de un ataque a los ciudadanos que merece una respuesta proporcional». Cada declaración será entendida como la extensión legítima de una posición fijada de antemano.

Es la imagen de nosotros mismos, que nos han construido los medios de comunicación, la escuela, los púlpitos, la que nos dice quiénes somos y lo que nos pasa, pero no quiénes somos en lo que nos pasa, y aún menos qué le pasa, qué le está pasando a lo que somos. El de Touluse es un crimen que será analizado en términos de ideología, psicología forense y seguridad; no en términos educativos, ni sociológicos; tampoco realmente políticos, pues la política no es ya más que ocultación y disimulo. Por eso a Werty, aunque le dejasen, que no le dejan, no le toca hablar. ¿Qué iba a decir, la verdad: que es preciso hundir a los pueblos para salvar a los ricos y que en ese empeño la educación, la sanidad, ni siquiera la justicia son prioritarias? Para todos, el de Touluse es un crimen horrible; para la prensa, además, es un crimen en medio de una campaña electoral, así que es material de primera página, como la «striper» que hace arte con una barra vertical chapada en oro y una chocolatera va en cultura, la muerte de Tonino en obituarios y lo del juez y el obispo en nacional. De repente es como si la realidad fuese algo previamente compartimentado que debemos rellenar todos los días, sin excepción, con lo que sea y sin dejar un sólo espacio libre. Entre un grave atentado y otra salida del tiesto del gran Monty cabe perfectamente el feo culo de una famosa de aldea no tan global. Después de todo se trata de dar miedo.

No sabe servidor cómo ha ocurrido, quizás a imitación del enriquecimiento inversionista, pero el acceso a la notoriedad se ha convertido en una carrera sin normas y, mutatis mutandis, los medios de comunicación en un manipulador manipulado. Ahora cierto periodismo comenzará a preguntarse si este asesino se lo ha puesto difícil a Le Pen o fácil a Sarkozy (nadie hablará del del medio) mientras «otro» reivindicará el derecho del espectador inocente a ser entretenido. Por cierto que la desactivación de partidos racistas, religiosos, xenófobos… a través de de una conversación medianamente seria debería de ser muy sencilla en una sociedad bien educada (disculpen, también hay cosas que deberían de ser objeto de consulta popular, y no, es que servidor está pensando en voz alta). ¿Cómo era aquel verso de Tonino?

la miel que se nos dio
estaba sobre la punta de una espada.

La gravedad de estos hechos es doble, triple, cuádruple, primero tienen lugar y no hay forma de repararlos. Ni siquiera haber encontrado al culpable atenuará nuestro dolor, aunque mitigue nuestro miedo. Luego el culpable será analizado, pero no hasta el punto de explicar su odio: odio. Detectamos un pez en un planeta a trescientos mil años luz, agua en Mercurio o cocaína en los billetes de cinco euros, pero no a un tarado capaz de quitarle la vida a otros y entregar a cambio la suya por odio. Un odio que resultaría ignorado, y en definitiva absuelto (el odio, no el individuo), de haber habido ocasión de juicio. El caso es grave teniendo en cuenta que América de Arriba podría acabar gobernada por un mormón. Un mormón es un señor que cree, por encima de todo (de todo), que cuando morimos en santidad nos convertimos en dioses de otro planeta. Un mormón es, básicamente, un tarado y tiene una lista de cosas que odia, pero apela a medios legales para recortar derechos, castigar libertades o manipular conciencias. Por eso respetamos a los mormones. ¿No podría Werty explicarnos la diferencia entre un político que arrasa un país extranjero, otro que vende el suyo a los banqueros y un tarado que mata a siete personas?, Y ¿por qué entre uno y otro se endurece tanto nuestro obligatorio batiburrillo diario de realidad?

Que a un tipo así no lo haya detectado nadie hace años, aunque fuera sin querer, que a un nazi se le permita hacer lo que haría la ultraderecha si pudiese gobernar, lo que todos y cada uno de los votantes de Le Pen harían si tuviesen un arma y la simpatía de su gobierno, no es culpa de Le Pen, pero es culpa de nuestra conveniente ignorancia, de nuestra mala conciencia sepultada bajo un montón de realidad inventada para dejar a salvo los intereses financieros. Así que no nos engañemos: ese tipo se ha movido lo bastante cerca de unos mangantes que le han mantenido alejado de la educación que merecía haciéndole creer que su cerebro era el mundo, que su odio era tan justo como para nosotros la extorsión y el apremio. Es un tarado de diseño, y a sueldo de capitales que rara vez (en realidad nunca) aparecen. Y es preciso saber quién es, cual fue su historia antes de decidir que haría historia recibiendo veinte disparos mientras saltaba por una ventana (alguien tendrá que ajustar esa versión, por cierto). ¿Cómo llegó hasta ahí? Hay que saberlo porque también debemos preguntarnos cuanto tardaríamos en llegar nosotros, hasta «ahí», si alguien, con los medios a su alcance, llegase a necesitar nuestro odio ahora que nuestro miedo es ya casi totalmente propiedad de otros.

Una buena educación, al servicio de la racionalidad y de la libertad, una buena información al servicio del pueblo, una información clara y suficiente, hubiese podido evitar lo de Toulouse, y otras monstruosidades que hoy suceden con excesiva frecuencia; y Werty debería salir y decirlo, que enseñar a obedecer mezclando miedo y doctrina, estableciendo diferencias culturales en función de intereses intervencionistas, es lo contrario de enseñar a pensar, a Tonino, libre y crítico y tierno, le gustaría eso; pero no queremos eso, queremos cazar a nuestro monstruo y cobrar la recompensa, para eso lo hemos creado. Ya está, así que ahora a seguir arrimando el hombro, que vamos aún un poco atrasados con el encargo de tergiversar la historia y pagar las pérdidas de los pijos apandadores con todo ese esfuerzo que habíamos invertido en nuestro bienestar. Así que a ver si espabilamos.

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